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domingo, 19 de febrero de 2017

LA VUELTA AL MUNDO DE DOS MUCHACHOS (Toray, 1948)



Editorial: Toray
Año: 1948
Ejemplares:  24
Dibujos:  Boixcar
Guión:  Boixcar
Tamaño:  17 x 24 cm. 
Páginas:  10 + Cubiertas
Precio:  1 pta.



Primera colaboración de Boixcar con Toray, después del paso de éste por Editorial Marco. El autor iniciaba así la etapa más exitosa y brillante de toda su carrera, dejando un conjunto de creaciones que tendría su punto culminante en la mítica Hazañas Bélicas.
Boixcar se había revelado a esas alturas no sólo como un excelente dibujante, también se reconocía en él a un guionista fiable capaz de sintonizar con los gustos del lector. En la presente colección la inspiración le llegó de la mano de Julio Verne y su Vuelta al mundo en ochenta días; también de Arnould Galopín y su novela La vuelta al mundo de dos pilletes. Ambas obras venían siendo editadas desde tiempo atrás en diferentes soportes: libro, novela y folletín, principalmente. Así que lo de dar la vuelta al globo terráqueo tenía su misticismo, incluso cierta aspiracionalidad para muchos lectores de aquellos años.
La introducción que hacía Boixcar en las primeras viñetas no podía ser más fidedigna con el relato de Verne: En una lluviosa tarde de invierno, en un aristocrático club de Londres, el famoso financiero español Andrés de Sauco y su inseparable amigo, el mayor Forrester, junto con otros socios charlan amigablemente. De pronto el financiero habla del proyecto pensado por dos sobrinos suyos, Mario y Julio, de dar la vuelta al mundo siguiendo un caprichoso itinerario y en el plazo máximo de dos años, sin utilizar para nada el avión”.
Los dos protagonistas fueron presentados como excelentes atletas, diestros en el manejo de las armas y hábiles jinetes, que por algo eran españoles. Ni que decir tiene la enorme cantidad de peligros y retos que tendrán que solventar hasta concluir con éxito su periplo; los últimos cuadernos dentro de un escenario bélico, repleto de nipones, que recordaba a la siguiente cabecera del autor para esta misma editorial, la mítica Hazañas Bélicas 1ª serie.  
Situar a los protagonistas ante el reto de dar la vuelta al mundo hacia más fácil la labor del guionista. Al contrario de lo que sucedía con la mayor parte de los protagonistas del tebeo de esos años, que iban de aventura en aventura sin mayor justificación que su afán aventurero o su inclinación a impartir justicia, este tipo de guión de justificación viajera, permitía cualquier escenario o exceso argumental, como así sucedió a lo largo de los veinticuatro cuadernos que formaron la colección.


Editorial Mateu también probaría la fórmula varios años después con La vuelta al mundo de dos chavales (1959), aunque en esta ocasión el guión nada tuviera que ver con el de Verne.



















Portada y página interior del cuaderno núm. 1

miércoles, 28 de diciembre de 2016

MARGARÍ (Toray, 1950)


Editorial: Toray
Año: 1950
Ejemplares:  16
Dibujos:  J. Juez
Guión:  J. Juez
Tamaño:  16 x 22 cm. 
Páginas:  8 + Cubiertas
Precio:  1 pta.





Hasta la aparición de Margarí, 1950, el mercado español manejaba sólo tres clases de cuadernos: aventureros, humorísticos y los llamados "de hadas" –y así sería siempre, salvo excepciones--. Cada uno con un perfil de consumidor claro, diferenciado. El melodrama, al menos en el tebeo español, no había sido abordado desde que el cuadernillo iniciara y consolidara su eclosión, salvo algunas aproximaciones propiciadas por el fumetti italiano y publicadas en España por Hispano Americana de Ediciones, como SuchaiÁngeles de la calle y alguna mas.

Con anterioridad a estas colecciones, Toray ya venía experimentado con éxito en la colección Azucena un tipo de relatos que, sin ser lo mismo, se acercaban bastante. Los tebeos de Azucena eran por encima de todo genuinos cuentos de hadas y princesas, pero muchos de ellos encerraban en sus páginas el drama más cruel y lacrimógeno. Relatos donde el secuestro de niños, las madrastras, los seres abandonados, la orfandad, eran habituales. Y si no parecían más dramáticos era por el trazo amable y algo naif que aportaban autores como Rosa Galcerán y Ayné, quienes aplicaron a esas viñetas la ternura que se presuponía debía poseer un cuento de hadas.


Azucena, núm. 112
Una de las pocas colaboraciones de Jaime Juez
para esta colección.


En el núm. 45 de Azucena --y hasta el 104-- Toray introdujo el relato titulado Aventuras de Estrellita dibujado por Jaime Juez, autor que se había estrenado en la editorial un año antes con Chacho el pequeño héroe y que ya venía colaborando en algunos cuentos de la propia Azucena, aunque de manera esporádica. Aventuras de Estrellita ocupaba dos páginas por cuaderno, que venían a complementar las ocho del cuento habitual. 

Juez mostró aquí un dibujo de máximo realismo, áspero y maduro, básicamente cosmopolita, como mundana era también la andadura de la protagonista. Aventuras repletas de adversidades y desdichas: las mismas que acostumbraban a verse en muchos de los cuantos de Azucena. La única diferencia radicaba en el trazo. Y también en el escenario: rural y palaciego en los dibujantes habituales de Azucena, y neorrealista urbano en Juez.

El experimento debió tener una excelente acogida, como demuestra el hecho de que Toray decidiera llevar ese tipo de narrativa melodramática al cuaderno. Así nació la colección que nos ocupa, Margarí, a la que siguieron otras cabeceras de similar tratamiento: Mari-Luz (1950) y Hojas de la vida de Toñito y Lolita (1951), además de la recopilación en cuadernos de la mencionada Aventuras de Estrellita (1950)

Margarí tuvo un desarrollo de dieciséis cuadernos. Con una historia que arranca en un internado donde un grupo de jovencitas disfrutan de un día de campo. Entre las internas se encuentra Margarí, la protagonista, que sufre en silencio su orfandad, acentuada por los regalos y visitas que reciben sus compañeras de sus respectivas familias. 

Observando algunos títulos de los cuadernos se puede vislumbrar el drama contenido en este relato: El hijo de la nieve, Madrecita, Perdida en la obscuridad, ¡Abandonada!, La cieguecita, El dolor de una madre…, así hasta el cuaderno final titulado, como no podía de otra forma, Final feliz. Los tebeos apretaban, pero no ahogaban. 
    

 Portada y página interior del cuaderno núm. 12